TOKIO.- Un día como hoy hace 73 años (Showa 23) se aprobó la comercialización de fósforos en el archipiélago japonés. Antes de esa fecha no se vendían sino que se distribuían.

Los orígenes de los fósforos japoneses se remontan al año 1875 (Meiji 8) cuando el nipón Shimizu Makoto (1845-1899) fabricó un fósforo amarillo en la capital nipona.

Nacido en el seno de una familia samurái del dominio de Kanazawa, en la actual prefectura de Ishikawa, fue enviado a Francia en 1869 para estudiar tecnologías y educación occidentales en la prestigiosa Ecole Centrale Paris. 

Mientras estudiaba en el Viejo Continente, conoció a Yoshii Tomozane, uno de los principales contribuyentes a la Restauración Meiji y más tarde Vice Ministro Imperial, quien le aconsejó que investigara las tecnologías de fabricación de fósforos.

A su retorno al Japón, Shimizu estableció una compañía de fósforos Shinsuisha en Tokio en 1876, lanzando la fabricación de fósforos a gran escala (el nombre de Shinsuisha significa literalmente un nuevo fabricante de fuego). 

Gracias a que la administración Meiji alentó la producción de fósforos para ayudar a los ex samuráis desempleados a encontrar un medio de ingresos, se establecieron fábricas de fósforos en todo el país.

En 1879 (Meiji 12) empezaron a fabricarse los “fósforos de seguridad”, aquellos que no se encendían a menos que se froten contra la superficie de fricción de la caja.

Ese año, Shimizu creó la asociación Kaiko Shosha que solicitó al gobierno la intervención de la importación de fósforos y los instó a vender y utilizar fósforos fabricados en el país que se convirtieron en uno de los productos de exportación clave de Japón. 

EL DATO

En 1948, se abolieron por completo las regulaciones para controlar la industria. Con la llegada del libre comercio, la producción total marcó un récord de posguerra de 800,000 toneladas de fósforos en 1972. 

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