[YUZURU] lección de vida y ejemplo a imitar

TOKIO.- Hace siete años, el Gran Terremoto del Este de Japón azotó la región de Tohoku que además provocó un gran tsunami.

En ese momento, Hanyu Yuzuru radicaba en el lugar pero continuó desarrollando el patinaje artístico a pesar de las difíciles circunstancias.

Cuenta que el 11 de marzo de 2011, cuando tenía 16 años de edad estaba entrenando en la ciudad de Miyagi cuando de pronto empezó a temblar.

El movimiento fue aumentado la fuerza provocando que el hielo de la pista se resquebrajara, estallaran los vidrios de las ventanas y caer el techo.

La familia Hanyu no pudo retornar a casa y tuvieron que permanecer tres días en un refugio junto a cientos de personas.

El fuerte terremoto de magnitud 9 e intensidad 7 (La máxima en la escala japonesa) provocó más de quince mil muertos, unos seis mil heridos graves y miles de desaparecidos.

Hanyu Yuzuru se vio obligado a suspender sus prácticas de patinaje porque su centro de entretenimiento había quedado destrozado y las labores de reconstrucción tenían otras prioridades. Pero no perdió la fé.

En el 2010 se realizaron los Juegos Olímpicos de Invierno Turin donde si compatriota Arakawa Shizuka se adjudicó la medalla de oro en patinaje artístico femenino.

Ese día se prometió a sí mismo a convertirse en el primer japonés en coronarse campeón olímpico en patinaje artístico. Y lo consiguió.

En Sochi 2014, a sus 19 años de edad se llevó a casa la medalla de oro. Luego llegaron los títulos de campeonato del mundo. “Gracias a todos quienes me apoyaron” dijo al ser premiado.

Las dificultades siempre se cruzan en su camino. En noviembre del año pasado, cuando realizaba el calentamiento previo a su participación en la Copa NHK sufrió una lesión al tobillo que le privó competir.

Desde entonces estuvo alejado de los torneos para intensificar su recuperación con miras a la competencia olímpica en territorio surcoreano.

Ahora es un bicampeón olímpico luego de su excelente performance en los Juegos Olímpico de PyeongChang 2018.

Nunca olvidó el pueblo que lo vio nacer. Siempre ha destinado (y sigue destinando) del dinero que obtiene por concepto de publicidad y premios a los damnificados de la región.

Hace unas semanas, su performance en la gala de los Juegos Olímpicos de PyeongChang 2018 la dedicó a las víctimas de Tohoku.

“Estoy aquí por el apoyo del pueblo japonés y este nuevo triunfo también les pertenece”, dijo al recibir la medalla.

Hoy tiene 23 años de edad y es el ídolo de las nuevas generaciones de adolescentes nipones no solo por su lucha contra la adversidad para alcanzar sus objetivos sino también por ser siempre agradecido.

El gobierno japonés evalúa otorgarle el KOKUMIN EIYOSHO, la máxima distinción para personalidades de la cultura, el deporte y el entretenimiento.

Se lo merece!

© Noticias Nippon

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