Internet, minibikes y provocaciones: la nueva señal de alarma entre jóvenes en Japón
📍Tokio | 27 de octubre
Las redes sociales se han convertido en una parte habitual de la vida de niños y adolescentes. A través de aplicaciones como TikTok, Instagram y otras plataformas, los jóvenes conversan, hacen amistades y comparten sus actividades. Sin embargo, las autoridades japonesas están observando otro uso de estas herramientas: algunos adolescentes las utilizan para formar grupos, organizar acciones peligrosas y difundir videos de sus enfrentamientos con la policía.
Lo que antes podía limitarse a un pequeño grupo de estudiantes de una misma escuela o barrio ahora puede reunir a jóvenes que viven en lugares diferentes y que apenas se conocen personalmente.
Esta forma de relacionarse está modificando algunos comportamientos relacionados con la delincuencia juvenil. Los especialistas advierten que las actividades organizadas por internet pueden desarrollarse con rapidez y resultar difíciles de detectar tanto para los padres como para los profesores.
Un caso ocurrido en la prefectura de Aichi permite comprender cómo funciona este fenómeno y por qué ha comenzado a preocupar a las autoridades.
Un grupo de adolescentes desafió a la policía en Aichi
Durante la madrugada del 4 de junio de 2026, varios jóvenes que circulaban en pequeñas motocicletas provocaron disturbios frente a una comisaría de la ciudad de Kasugai, en la prefectura de Aichi.
Según la información policial, seis adolescentes viajaban en tres motocicletas, dos personas por vehículo. Los jóvenes pasaron repetidamente frente a las instalaciones policiales, acelerando los motores y haciendo ruido.
Cuando los agentes salieron para comprobar lo que ocurría, los adolescentes lanzaron huevos crudos contra los policías y un vehículo patrullero antes de escapar.
La investigación permitió identificar a seis sospechosos de entre 15 y 16 años. Para agosto, todos habían sido detenidos bajo sospecha de obstrucción de funciones públicas.
Algunos de los implicados explicaron a los investigadores que buscaban diversión y emociones fuertes. La policía también investigó sus posibles vínculos con un grupo juvenil asociado a las carreras y conductas peligrosas en motocicleta.
El caso fue informado por la televisión regional sobre las nuevas formas de delincuencia juvenil.
¿Qué significa «Poli-Oni»?
En Japón, algunas de estas provocaciones reciben el nombre de ポリ鬼 (Pori-oni), también escrito «Poli-Oni».
La expresión combina una abreviación de la palabra inglesa police, que significa policía, con el término japonés onigokko, utilizado para referirse a un juego infantil en el que una persona persigue a otras para atraparlas.
En términos sencillos, consiste en provocar a los agentes para que intenten perseguir a los participantes y después escapar.
Aunque su nombre puede recordar a un juego, estas conductas pueden representar un riesgo para quienes participan, para los policías y para otras personas que circulan por la vía pública.
El problema adquiere otra dimensión cuando se graban los hechos y se publican en redes sociales.
En algunos videos aparecen jóvenes huyendo de patrulleros, motocicletas circulando de forma peligrosa y escenas que buscan llamar la atención de los espectadores.
La publicación de estas imágenes puede convertirse en una forma de obtener reconocimiento dentro de determinados grupos. Los comentarios, las reproducciones y las reacciones de otros usuarios pueden reforzar el deseo de repetir las acciones.
No obstante, es importante distinguir entre la difusión de videos y la comisión de delitos: publicar contenido en internet no constituye por sí mismo una infracción penal. Las responsabilidades dependen de lo que haya ocurrido y de las circunstancias de cada caso.
La delincuencia juvenil vuelve a aumentar después de años de descenso
La preocupación por estas conductas coincide con un cambio en las estadísticas nacionales.
Durante varias décadas, Japón registró una reducción considerable de los menores identificados por la policía como presuntos autores de delitos.
Esa tendencia alcanzó uno de sus puntos más bajos en 2021, cuando se contabilizaron 14.818 jóvenes de entre 14 y 19 años intervenidos por delitos contemplados en el Código Penal.
Sin embargo, desde entonces se ha producido un aumento continuo.
En 2025, la cifra llegó a 24.416 jóvenes, lo que representa cuatro años consecutivos de crecimiento.
La Agencia Nacional de Policía confirmó esta evolución en sus estadísticas y durante una conferencia oficial celebrada en febrero de 2026.
También preocupa la situación de los niños menores de 14 años.
Según los datos oficiales, el número de menores de esa edad que recibieron intervención u orientación policial por hechos contrarios a la legislación penal pasó de 5.086 en 2020 a 9.178 en 2025.
Estas cifras requieren una explicación importante: no significan que todos esos menores hayan recibido una condena ni que todos hayan cometido delitos graves. Se trata de registros policiales que incluyen diferentes tipos de conductas y procedimientos.
Tampoco permiten afirmar que las redes sociales sean la causa de todo el incremento. La delincuencia juvenil depende de múltiples factores, entre ellos la situación familiar, las relaciones personales, el entorno escolar y las condiciones sociales.
Lo que sí preocupa a los especialistas es que internet puede facilitar el contacto entre jóvenes que antes difícilmente habrían formado parte de un mismo grupo.
Los adultos no siempre conocen el mundo digital de sus hijos
Especialistas consideran que existe una distancia importante entre la manera en que los adultos entienden internet y la forma en que lo utilizan los menores.
Muchos padres conocen las aplicaciones que usan sus hijos, pero eso no significa necesariamente que sepan con quién se comunican, qué videos reciben o a qué grupos pertenecen.
Un adolescente puede mantener una conducta aparentemente normal en casa y en la escuela, mientras participa en conversaciones digitales que sus familiares desconocen.
Además, los grupos organizados por internet no siempre están integrados por compañeros del mismo centro educativo.
Pueden incluir estudiantes de distintas ciudades, jóvenes que ya no asisten a clases o personas mayores que ejercen influencia sobre los participantes.
Esta situación complica la prevención porque los profesores ya no pueden detectar determinados problemas observando únicamente las relaciones dentro de la escuela.
Por ello, recomiendan prestar mayor atención a los contenidos digitales que pueden promover actividades delictivas y a quienes los difunden.
Sin embargo, otros especialistas advierten que eliminar videos o restringir aplicaciones no garantiza que desaparezcan las razones que llevan a algunos adolescentes a participar en estas conductas.
La soledad y la necesidad de pertenecer a un grupo
Uno de los aspectos más importantes del debate tiene que ver con las relaciones personales.
Algunos jóvenes encuentran dificultades para sentirse aceptados en su familia, en la escuela o en su comunidad.
En determinadas circunstancias, internet les ofrece la posibilidad de conocer personas que parecen comprender sus problemas y que les proporcionan una sensación de compañía.
El riesgo aparece cuando esos vínculos se establecen con grupos que promueven conductas peligrosas.
Un adolescente que se siente aislado puede terminar participando en actividades que inicialmente no deseaba realizar, simplemente para evitar el rechazo o conservar la aceptación de sus nuevos amigos.
No todos los jóvenes que atraviesan situaciones de soledad desarrollan problemas de conducta. Tampoco las amistades por internet son necesariamente perjudiciales.
De hecho, las redes sociales pueden ayudar a menores que tienen dificultades para relacionarse, especialmente cuando encuentran comunidades de apoyo y personas con intereses similares.
Por eso, los trabajadores sociales consideran necesario abordar el problema desde una perspectiva más amplia.
En ese sentido es importante que los jóvenes mantengan relaciones con compañeros, vecinos y adultos de confianza que no estén involucrados en actividades delictivas.
Incluso los contactos cotidianos pueden resultar valiosos para evitar que un adolescente dependa exclusivamente de un grupo problemático.
MARCO LEGAL: ¿QUÉ OCURRE SI UN MENOR COMETE UN DELITO EN JAPÓN?
En Japón existen normas especiales para los casos en los que niños y adolescentes participan en hechos contrarios a la ley.
Dos disposiciones son especialmente importantes: el Código Penal japonés y la Ley de Menores, conocida como 少年法 (Shōnenhō).
Menores de 14 años
El artículo 41 del Código Penal establece que las personas menores de 14 años no pueden ser castigadas penalmente por sus actos.
Esto significa que un niño de 12 o 13 años no recibe una condena penal como una persona adulta.
Sin embargo, ello no implica que las autoridades deban ignorar los hechos.
Dependiendo de su gravedad y de la situación del menor, pueden intervenir los servicios de protección infantil, la policía y otras instituciones.
Los centros de consulta infantil, llamados jidō sōdansho, pueden evaluar la situación familiar y las necesidades de protección.
En determinados casos, el asunto también puede llegar a un Tribunal de Familia, siempre mediante los procedimientos especiales previstos en la legislación.
Adolescentes de 14 a 17 años
A partir de los 14 años existe responsabilidad penal.
No obstante, los procedimientos aplicables a los adolescentes son diferentes de los utilizados habitualmente con los adultos.
La Ley de Menores establece un sistema que busca considerar tanto la gravedad de los hechos como las circunstancias personales, familiares y educativas del joven.
Cuando corresponde, el Tribunal de Familia puede disponer medidas de orientación, supervisión o rehabilitación. Los casos más graves pueden seguir una vía penal.
Esto significa que un adolescente de 15 o 16 años sí puede ser detenido e investigado por participar en hechos delictivos.
Jóvenes de 18 y 19 años
Desde abril de 2022, la mayoría de edad civil en Japón es de 18 años.
Sin embargo, la Ley de Menores continúa aplicándose, con reglas especiales, a las personas de 18 y 19 años.
La legislación las clasifica como tokutei shōnen, una categoría que puede traducirse como «jóvenes sujetos a disposiciones especiales».
Para este grupo existen procedimientos más estrictos en determinados delitos graves, incluida una mayor posibilidad de que algunos casos sean enviados a la justicia penal ordinaria.
Estas diferencias están explicadas en la información oficial del Tribunal Supremo de Japón.
¿Qué infracciones pueden cometerse al desafiar a la policía?
En situaciones como la registrada en Kasugai pueden entrar en juego distintas disposiciones legales.
Una de ellas es el artículo 95 del Código Penal, relativo a la obstrucción del ejercicio de funciones públicas, conocido en japonés como kōmu shikkō bōgai (公務執行妨害).
Esta disposición contempla conductas de violencia o intimidación contra funcionarios mientras realizan sus funciones.
Por ejemplo, lanzar objetos contra policías que están trabajando puede dar lugar a una investigación por este delito cuando se cumplen los requisitos establecidos en la ley.
También pueden existir infracciones de tránsito.
En Japón, conducir una motocicleta exige respetar los requisitos de licencia, circulación y seguridad correspondientes al tipo de vehículo. En los ciclomotores de categoría general está prohibido transportar pasajeros.
La conducción peligrosa, la circulación sin la licencia correspondiente y otras infracciones pueden generar responsabilidades adicionales.
Es importante aclarar que las posibles infracciones deben determinarse individualmente. La participación en una reunión o la aparición en un video no demuestra automáticamente que una persona haya cometido un delito.
Las normas se aplican tanto a ciudadanos japoneses como a residentes extranjeros.
¿Qué deben tener en cuenta las familias hispanohablantes en Japón?
Para los padres extranjeros que trabajan largas jornadas, realizan turnos nocturnos o tienen dificultades para comunicarse en japonés con las escuelas, supervisar las actividades digitales de sus hijos puede resultar complicado.
Sin embargo, conocer todas las aplicaciones o revisar constantemente los teléfonos no es la única forma de prevención.
Los especialistas destacan la importancia de mantener conversaciones habituales con los adolescentes, interesarse por sus amistades y conocer los lugares que frecuentan.
También conviene prestar atención a cambios importantes de comportamiento, especialmente cuando aparecen acompañados de otros problemas.
Por ejemplo, un joven que comienza a salir durante la madrugada, oculta constantemente sus actividades, abandona sus responsabilidades escolares o recibe presiones de personas desconocidas puede necesitar mayor acompañamiento.
Ninguna de estas situaciones demuestra por sí sola que exista participación en actividades delictivas.
Lo recomendable es observar el conjunto de circunstancias, conversar sin acusaciones precipitadas y solicitar orientación profesional cuando sea necesario.
La comunicación con la escuela también resulta fundamental.
En los centros educativos japoneses existen profesores encargados de orientar a los estudiantes en asuntos relacionados con su conducta y convivencia.
Las familias pueden solicitar reuniones con el profesor responsable del aula, conocido como tannin, o con los encargados de orientación estudiantil.
Cuando existen barreras lingüísticas, es conveniente preguntar al centro educativo o al municipio si dispone de servicios de interpretación o apoyo para familias extranjeras.
¿Prohibir las redes sociales es la solución?
Las restricciones pueden ayudar a reducir determinados riesgos, especialmente cuando un menor accede a contenido peligroso o mantiene contacto con personas que intentan involucrarlo en actividades ilícitas.
No obstante, prohibir completamente el uso de internet puede resultar insuficiente si el adolescente sigue enfrentando problemas de aislamiento, rechazo escolar o conflictos familiares.
Por ello, especialistas en bienestar infantil consideran necesario combinar las medidas de seguridad digital con apoyo personal.
Una buena prevención incluye explicar qué comportamientos pueden constituir delitos, ayudar a identificar situaciones de presión y enseñar a los jóvenes que pueden rechazar una propuesta peligrosa sin perder su valor como personas.
También resulta importante que sepan a quién acudir cuando alguien intenta convencerlos de realizar acciones ilegales.
La prevención no consiste solamente en vigilar lo que hacen los adolescentes, sino en construir relaciones que les permitan pedir ayuda antes de verse involucrados en una situación grave.
¿Dónde pueden pedir ayuda las familias en Japón?
Japón dispone de servicios públicos para orientar a niños, adolescentes y familias que atraviesan problemas de convivencia, acoso escolar o situaciones de riesgo.
El Ministerio de Educación mantiene el servicio 24時間子供SOSダイヤル (Nijūyo-jikan Kodomo SOS Daiyaru), una línea telefónica de apoyo disponible las 24 horas, incluidos fines de semana y días festivos.
Su número es 0120-0-78310.
También existen los centros de consulta infantil (jidō sōdansho), que atienden problemas relacionados con el bienestar y la protección de los menores.
Para consultar directamente sobre dificultades familiares o problemas de comportamiento, la Agencia para la Infancia y las Familias dispone del teléfono 0120-189-783.
Si existe sospecha de maltrato infantil, puede utilizarse el número nacional 189.
Para consultas policiales que no requieren una intervención inmediata está disponible #9110. En casos de emergencia se debe llamar al 110.
La atención y la disponibilidad de intérpretes pueden variar según el organismo y la localidad.
Un problema que requiere algo más que vigilancia
El aumento de la delincuencia juvenil en Japón plantea nuevos desafíos para la policía, las escuelas y las familias.
Las redes sociales permiten que los adolescentes accedan a información y establezcan relaciones con una facilidad que generaciones anteriores no conocieron.
Estas posibilidades pueden resultar positivas, pero también pueden ser utilizadas para organizar actividades peligrosas, difundir provocaciones o buscar reconocimiento mediante conductas contrarias a la ley.
El caso de Kasugai demuestra cómo una acción que algunos participantes pudieron considerar una diversión terminó convirtiéndose en una investigación policial y en la detención de seis adolescentes.
Sin embargo, el debate no debería limitarse a señalar a internet como responsable.
La convivencia familiar, las oportunidades educativas, la atención a los problemas emocionales y la existencia de relaciones de confianza también forman parte de la prevención.
Para los hispanohablantes que viven en Japón, conocer estas situaciones permite comprender mejor los desafíos que enfrentan sus hijos dentro y fuera de la escuela.
La principal enseñanza es que proteger a los adolescentes exige algo más que controlar sus teléfonos: también significa conocer sus preocupaciones, escuchar sus experiencias y ayudarles a construir relaciones saludables.
MARCO NORMATIVO Y FUENTES OFICIALES PARA CONSULTAS
Código Penal japonés (刑法):
Consultar la legislación oficial en e-Gov
Ley de Menores (少年法):
Consultar la Ley de Menores en e-Gov
Información sobre procedimientos judiciales de menores:
Tribunal Supremo de Japón
Estadísticas oficiales de delincuencia juvenil:
Agencia Nacional de Policía de Japón
Servicios de orientación y protección infantil:
Agencia para la Infancia y las Familias
©️2026 Noticias Nippon

