Japón celebra el Día del Soroban, el pequeño ábaco que sigue entrenando grandes mentes

 


📍Tōkyō | 8 de agosto  


Hay sonidos que forman parte de la infancia en Japón. El timbre de la escuela, el bullicio de los clubes después de clases… y también ese curioso “pachi-pachi” que producen las cuentas del soroban cuando unos dedos entrenados empiezan a moverse a toda velocidad.

Este 8 de agosto, Japón celebra el Día del Soroban (そろばんの日), una fecha dedicada al tradicional ábaco japonés que, aunque pueda parecer una herramienta de otra época, sigue muy presente en la educación de muchos niños.

Sí, incluso en tiempos de teléfonos inteligentes, calculadoras e inteligencia artificial.

El soroban todavía tiene cuerda para rato.

La celebración nació en 1968, cuando la Federación Nacional de Educación con Ábaco de Japón (全国珠算教育連盟), con sede en Kioto, decidió establecer una jornada especial para promover su enseñanza y recordar algo que muchos japoneses conocen bien: practicar con este pequeño instrumento no sirve solamente para hacer cuentas.

También ayuda a entrenar la cabeza.


🔢 ¿Y por qué el 8 de agosto?

Aquí aparece uno de esos juegos de palabras que tanto gustan en Japón.

Cuando alguien maneja rápidamente un soroban, sus cuentas chocan entre sí produciendo un sonido parecido a:

「パチパチ」 — pachi-pachi.

Ahora viene el detalle curioso.

El número 8 se pronuncia “hachi” en japonés. Y por su parecido sonoro, el 8-8, es decir, hachi-hachi, terminó relacionándose de manera simpática con el pachi-pachi del ábaco.

Así nació la fecha.

8 de agosto = 8/8 = hachi-hachi = pachi-pachi.

Muy japonés… y fácil de recordar.

La jornada está además reconocida como fecha conmemorativa por la Asociación Japonesa de Días Conmemorativos (日本記念日協会).



🧠 No se trata solamente de sumar rápido

Quien haya visto alguna vez a un niño japonés experimentado utilizando un soroban probablemente habrá pensado lo mismo: “¿Cómo puede mover los dedos tan rápido?”.

Y es que aprender soroban implica bastante más que empujar pequeñas cuentas de un lado a otro.

Con la práctica, los alumnos desarrollan velocidad para realizar sumas, restas, multiplicaciones y divisiones, pero también trabajan habilidades como la concentración, la memoria, la paciencia y la perseverancia.

Poco a poco, los números dejan de sentirse como algo pesado.

Se vuelven casi un juego.

Y los estudiantes más avanzados llegan todavía más lejos: pueden imaginar el soroban dentro de su cabeza y hacer operaciones sin tenerlo físicamente delante.

Eso se conoce como 暗算 (anzan), es decir, cálculo mental.

Imagine por un momento cerrar los ojos, visualizar las cuentas moviéndose y resolver una operación matemática de varios dígitos.

Pues bien… eso es precisamente lo que muchos estudiantes entrenados consiguen hacer.


🏫 Una tradición que no desaparece

Hoy basta sacar el teléfono del bolsillo para resolver prácticamente cualquier cálculo en segundos.

Sin embargo, en Japón siguen funcionando numerosas academias de soroban, y para muchas familias continúa siendo una actividad extracurricular tan habitual como estudiar inglés, practicar piano o asistir a un club deportivo.

La razón es sencilla: los padres no buscan únicamente que sus hijos calculen más rápido.

Buscan también que desarrollen disciplina, seguridad con los números y capacidad de concentración.

El mundo del soroban tiene incluso su lado competitivo.

Cada año se celebran torneos y campeonatos, entre ellos el Campeonato Nacional de Soroban de Japón (全日本珠算選手権大会), donde estudiantes y especialistas ponen a prueba su velocidad y precisión.

Allí, las cuentas vuelan.

Los dedos se mueven tan deprisa que, para alguien que observa por primera vez, resulta casi imposible seguir el ritmo.


🇯🇵 Una pequeña pieza de madera frente a la era digital

Tal vez ahí esté la parte más bonita de esta historia.

Japón es uno de los países más avanzados tecnológicamente del mundo, pero al mismo tiempo conserva herramientas tradicionales que han acompañado a generaciones enteras.

El soroban es un buen ejemplo.

No necesita batería. No necesita internet. No tiene pantalla.

Solo un marco, unas cuentas… y mucha práctica.

Y aun así continúa enseñando algo muy valioso: concentrarse, pensar con rapidez, tener paciencia y confiar en la propia capacidad para resolver problemas.

Por eso, cada 8 de agosto, el alegre “pachi-pachi” del soroban vuelve a escucharse con un significado especial.

Es el sonido de una tradición que se niega a desaparecer.

Y también el recordatorio de que, incluso en plena era digital, una herramienta sencilla todavía puede seguir entrenando grandes mentes.


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