Médicos cubrieron a sus pacientes mientras el quirófano se sacudía por el fuerte sismo en Kumamoto
📍Kumamoto | 6 de agosto
El Hospital General de Kumamoto (熊本総合病院), uno de los centros médicos más importantes de Yatsushiro, volvió a recibir con normalidad a los pacientes de consultas externas el 5 de agosto.
No fue una reapertura cualquiera.
Durante varios días, el hospital tuvo que trabajar con servicios limitados debido a los daños causados por el fuerte terremoto que golpeó la prefectura de Kumamoto. Sin embargo, detrás de esas puertas cerradas quedó una historia de enorme valentía… una de esas que recuerdan hasta dónde puede llegar la vocación de quienes trabajan para salvar vidas.
Las cámaras instaladas dentro del hospital registraron los momentos de mayor tensión. Cuando comenzó el terremoto, se estaban realizando cuatro operaciones al mismo tiempo.
En uno de los quirófanos, donde un paciente era sometido a una cirugía abdominal, las lámparas y los equipos médicos comenzaron a moverse con violencia. Todo temblaba. El personal, sin embargo, no abandonó su puesto.
Los médicos se inclinaron sobre el paciente y lo protegieron con sus propios cuerpos, mientras intentaban mantener el control de la operación. A pocos metros, una enfermera abrió rápidamente la puerta para asegurar una posible ruta de evacuación.
Fueron segundos de miedo, tensión y decisiones rápidas… pero también de una impresionante calma profesional.
Gracias a la coordinación de médicos, enfermeras y asistentes, las cuatro cirugías pudieron terminar con éxito. Ninguno de los pacientes resultó afectado por el movimiento sísmico.
Después del terremoto llegó otro problema: el corte de agua.
La falta de suministro impidió utilizar parte del equipamiento médico, por lo que el hospital tuvo que suspender temporalmente las consultas generales. Para un centro que atiende diariamente a tantas familias de Yatsushiro, la situación era especialmente preocupante.
Pues bien, poco a poco llegó una solución.
El hospital contaba con un pozo de emergencia reservado para situaciones de desastre. Tras realizar los análisis correspondientes y confirmar que el agua era segura, el centro pudo recuperar buena parte de sus funciones y reanudar la atención habitual.
Aun así, la normalidad todavía no es completa.
Algunos ascensores continúan fuera de servicio y las comidas para los pacientes hospitalizados siguen siendo más limitadas de lo habitual. Son dificultades que se sienten en el día a día: subir por las escaleras, trasladar equipos, organizar alimentos… pequeños detalles que, dentro de un hospital, pueden convertirse en grandes desafíos.
El director del centro, Shinya Shimada, reconoció que todavía existen incomodidades, pero destacó que la reapertura permitirá devolver algo muy importante a la comunidad: tranquilidad.
“Al reanudar la atención médica, esperamos que los habitantes de la región puedan sentirse más seguros”, explicó.
Y esa es, precisamente, la imagen que deja esta historia: mientras la tierra se movía y los instrumentos se balanceaban dentro del quirófano, hubo personas que decidieron quedarse allí, junto a sus pacientes.
Sin correr. Sin abandonar su responsabilidad.
Protegiendo vidas hasta que el temblor terminó.
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