Videos difundidos en redes sociales y atribuidos al Fushimi Inari Taisha, en Kioto, reabren el debate sobre el comportamiento de algunos creadores de contenido en lugares religiosos de Japón. Grabar o tomar fotografías no es, por sí mismo, el problema. La línea se cruza cuando una producción interrumpe el paso, molesta a quienes están rezando o convierte un espacio de culto en un escenario privado
📍Tokio | 6 de septiembre
Los templos y santuarios japoneses reciben cada año a millones de visitantes. Muchos llegan atraídos por su arquitectura, sus paisajes o su historia, pero siguen siendo ante todo espacios religiosos. En ellos hay personas que acuden a rezar, hacer una ofrenda, participar en ceremonias o simplemente permanecer unos minutos en silencio.
Por eso, el derecho a grabar contenido no debería confundirse con un derecho a ocupar el espacio. Tener miles de seguidores, realizar una transmisión en directo o buscar una imagen viral no concede prioridad sobre quienes están caminando por un sendero estrecho o realizando una 参拝 (sanpai), es decir, una visita de veneración o culto.
En el caso de los videos compartidos en redes y señalados como grabados en Fushimi Inari Taisha, no disponemos de información suficiente para determinar las circunstancias completas de la filmación, la identidad de las personas involucradas ni si hubo intervención del personal o de la policía. Por ello, no corresponde afirmar que se cometió un delito únicamente a partir de las imágenes.
Sí existe, sin embargo, una regla muy clara: el propio santuario considera su recinto un espacio sagrado y establece expresamente qué comportamientos no están permitidos.
Fushimi Inari tiene reglas específicas para las grabaciones
Las normas oficiales de Fushimi Inari Taisha prohíben, entre otras conductas, gritar o causar molestias a otros fieles, realizar fotografías o grabaciones comerciales sin ajustarse a las reglas del santuario y, de manera particularmente explícita, obstaculizar el paso de los visitantes mientras se fotografía o filma en senderos estrechos. También se prohíbe realizar entrevistas o encuestas sin autorización.
El santuario señala además que su personal puede advertir a quien incumpla estas disposiciones y, si la persona se niega a seguir las indicaciones, pedirle que abandone el recinto. Las mismas normas fueron nuevamente publicadas por la institución en mayo de 2026, reforzando el mensaje de respeto hacia el lugar y hacia los demás visitantes.
Esto resulta especialmente importante en lugares como los conocidos Senbon Torii, donde determinados tramos son estrechos. Detenerse durante demasiado tiempo para montar una escena, repetir una toma o bailar ante una cámara puede terminar dificultando físicamente la circulación de otras personas.
Marco legal vigente: cuándo una mala conducta puede ir más allá de la falta de educación
No todo comportamiento irrespetuoso constituye automáticamente un delito. Japón, sin embargo, sí cuenta con disposiciones penales que pueden entrar en juego cuando los hechos adquieren suficiente gravedad.
El artículo 188 del Código Penal japonés (刑法) castiga a quien realice públicamente una conducta considerada irrespetuosa contra un santuario, templo, cementerio u otro lugar de culto. La pena prevista actualmente es de hasta 6 meses de拘禁刑 (kōkin-kei, pena de privación de libertad) o una multa de hasta 100.000 yenes. Si lo que se obstaculiza es propiamente un acto de culto, sermón o funeral, el mismo artículo contempla hasta 1 año de privación de libertad o 100.000 yenes de multa.
Pero hay una precisión fundamental: bailar, hacerse una fotografía o grabar un TikTok en un santuario no constituye automáticamente este delito. Para determinar si el artículo 188 resulta aplicable deben analizarse la naturaleza de la conducta, el lugar exacto, su carácter público y si realmente alcanzó el nivel exigido por la norma. Esa valoración corresponde a las autoridades y, eventualmente, a los tribunales.
El artículo 234, conocido como 威力業務妨害 (iryoku gyōmu bōgai), también sanciona la obstrucción de una actividad mediante el uso de fuerza o intimidación en el sentido jurídico del término. Al remitirse al artículo 233, la pena puede alcanzar 3 años de拘禁刑 o una multa de hasta 500.000 yenes. Tampoco significa que cualquier bloqueo momentáneo para grabar un vídeo configure automáticamente este delito: dependería de cómo se desarrollaron los hechos y del grado real de interferencia provocado.
El problema no es la nacionalidad, sino la conducta
Conviene evitar otro error frecuente cuando estas imágenes se vuelven virales: convertir un episodio protagonizado por una persona en una acusación contra todos los turistas o extranjeros.
Japón recibe visitantes de culturas muy diferentes y son innumerables quienes recorren templos, participan en matsuri, utilizan yukata o conocen las tradiciones locales con cuidado y respeto. La crítica debe dirigirse hacia conductas concretas, independientemente de quién las realice.
Precisamente ahí está la reflexión de fondo. Viajar no significa que todo aquello que encontramos exista para nuestro entretenimiento. Un torii, un altar o un camino de peregrinación puede resultar espectacular ante una cámara, pero para la persona que está a nuestro lado puede representar algo profundamente religioso.
Qué conviene tener en cuenta al visitar un santuario
Antes de grabar, merece la pena observar las señales y las normas del lugar. En Fushimi Inari Taisha, especialmente, no se debe impedir el tránsito para obtener una fotografía o vídeo; las producciones con finalidad comercial están sujetas a restricciones; y las indicaciones del personal deben respetarse.
También es recomendable evitar montar escenas prolongadas en senderos estrechos, hablar a gran volumen junto a personas que están rezando o grabarlas de cerca sin consideración. Si un trabajador del santuario pide detener una filmación o abandonar una zona, lo prudente es hacerlo inmediatamente.
La libertad de crear contenido sigue existiendo. Pero esa libertad convive con algo igualmente importante: responsabilidad, educación y respeto hacia la cultura y las personas que comparten el lugar. A veces, la mejor publicación que podemos llevarnos de Japón empieza precisamente por saber cuándo guardar la cámara.
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