📍Tōkyō| 12 de febrero
En una operación que marca un precedente en la lucha contra el narcotráfico internacional, la Aduana de Tokio —a través de su oficina en el aeropuerto de Haneda— anunció la incautación de más de 47 kilos de ketamina, la mayor cantidad jamás decomisada por autoridades aduaneras en Japón. El caso expone la dimensión creciente del tráfico sintético y el uso de rutas europeas hacia el archipiélago.
El acusado es un ciudadano rumano de 32 años, identificado como Razvan Marian Paraschivoiu, sin domicilio fijo ni empleo declarado. Según la acusación formal presentada ante la Fiscalía del Distrito de Tokio, el sospechoso habría intentado introducir la droga en territorio japonés entre el 22 y 23 de enero, ocultándola en dos maletas procedentes de Alemania.
Una señal que lo delató
El operativo se activó en el control de equipajes del aeropuerto de Haneda. Funcionarios de aduanas notaron que el pasajero mostraba un comportamiento inusual: manos visiblemente temblorosas y actitud nerviosa. La inspección detallada reveló paquetes ocultos en el interior de las maletas. El contenido: ketamina en polvo, una sustancia catalogada como estupefaciente bajo la legislación japonesa.
El hombre fue arrestado en flagrancia bajo sospecha de violar la Ley de Control de Narcóticos y la Ley de Aduanas por intento de importación de artículos prohibidos. Posteriormente fue entregado a la Policía Metropolitana de Tokio, que lo remitió a la fiscalía para su procesamiento formal.
La dimensión del cargamento
Las autoridades confirmaron que los más de 47 kilogramos incautados constituyen el mayor volumen de ketamina confiscado en la historia de las aduanas japonesas. Aunque no se ha revelado el valor estimado en el mercado ilegal, expertos señalan que un cargamento de esa magnitud podría traducirse en miles de dosis distribuidas en el circuito nocturno o recreativo.
La ketamina es un anestésico utilizado legalmente en medicina veterinaria y en ciertos procedimientos clínicos, pero su consumo indebido puede provocar alucinaciones, disociación, alteraciones sensoriales y dependencia psicológica. En Japón, su posesión y tráfico están severamente castigados.
Una ruta bajo vigilancia
El caso también pone foco en el uso de vuelos procedentes de Europa como posible vía de ingreso de drogas sintéticas hacia Japón. Las autoridades aduaneras han reforzado controles ante el aumento global del tráfico de sustancias químicas recreativas.
Fuentes cercanas a la investigación indican que se analizará si el detenido actuaba como “correo” individual o formaba parte de una red organizada con ramificaciones internacionales.
Contexto legal clave
Delitos imputados:
En Japón, el tráfico de estupefacientes puede conllevar penas de prisión de varios años y multas elevadas, especialmente cuando se trata de grandes volúmenes.
Un récord que revela presión creciente en las fronteras
Más allá del individuo procesado, el decomiso deja un mensaje claro: Japón continúa siendo un mercado objetivo para redes internacionales de narcóticos, pero también mantiene un sistema de vigilancia fronteriza altamente riguroso.
El temblor de unas manos fue suficiente para activar el engranaje institucional. Detrás de esa escena mínima, silenciosa, se encontraba el mayor cargamento de ketamina jamás interceptado en el país.
🔎 Contexto jurídico y estratégico
Este caso refleja tres elementos clave del sistema japonés:
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Tolerancia cero frente al narcotráfico.
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Amplias facultades de inspección aduanera en aeropuertos internacionales.
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Responsabilidad penal incluso en fase de tentativa.
Japón mantiene una de las legislaciones más estrictas del mundo en materia de drogas. La severidad no solo busca castigar, sino también disuadir el uso del país como punto de tránsito o destino final.