Sectores cristianos y oposición rechazan las palabras de Petro sobre Jesús
📍Bogotá | 30 de diciembre
En un acto de reapertura y firma de acuerdos para la recuperación del Hospital San Juan de Dios, originalmente pensado para abordar temas de salud pública y reparación institucional, el presidente Gustavo Petro desvió la atención hacia una polémica frase que rápidamente se convirtió en el centro de un debate nacional sobre los límites del discurso presidencial.
El mandatario, en medio de un largo discurso que incluyó varias digresiones, comenzó a hablar sobre su vida íntima, lo que sorprendió a la audiencia. En un momento de su intervención, lanzó una especulación sobre la vida sexual de Jesús: «Yo creo que Jesús hizo el amor, sí. A lo mejor con María Magdalena…». Esta afirmación, cargada de tono provocador y tocando un símbolo religioso tan poderoso como el de Jesucristo, se expandió rápidamente por redes sociales y medios de comunicación.
La reacción más contundente llegó desde los sectores cristianos del país. Varios obispos y voceros eclesiales pidieron públicamente respeto por la fe y la libertad religiosa, y expresaron su desacuerdo con que el presidente utilizara la figura de Jesucristo de esa manera, especialmente desde su cargo, en un país donde la religión juega un papel central en la vida cotidiana y donde los límites entre política y religión suelen ser especialmente sensibles.
El comentario no solo fue rechazado por la Iglesia, sino que también fue aprovechado por la oposición para lanzarse contra el presidente. Las críticas giraron en torno a la «falta de decoro» del mandatario y a su aparente «desviación» del tema principal del evento, que era la recuperación del hospital. La polémica se amplificó rápidamente en los medios y las redes, convirtiéndose en una de las discusiones más comentadas del día.
Entre las voces más destacadas que criticaron al presidente estuvo la periodista y precandidata Vicky Dávila, quien reaccionó duramente a través de radio y redes sociales, acusando a Petro de no ser respetuoso con las creencias religiosas de los colombianos y de ser incapaz de mantener el foco en los temas que realmente importan a la ciudadanía.
Este incidente no solo generó una división de opiniones, sino que también reveló la tensión persistente entre el discurso presidencial y las expectativas de la sociedad colombiana. La religión sigue siendo un tema central en la política y la vida pública, y cualquier comentario relacionado con figuras religiosas tiene el potencial de desatar fuertes reacciones.
A pesar del ruido mediático generado por la polémica, lo que quedó atrás fue una escena emblemática en Bogotá: un hospital que simboliza la recuperación y el bienestar de la sociedad colombiana, un micrófono encendido que debería haber sido el vehículo para hablar de salud pública, y una audiencia que esperaba escuchar anuncios concretos sobre la mejora del sistema sanitario.
Sin embargo, en lugar de centrar la atención en la recuperación institucional del Hospital San Juan de Dios, el país terminó discutiendo sobre palabras, creencias y el poder de la figura presidencial para influir en la opinión pública, demostrando una vez más cómo el discurso de los líderes políticos puede trascender los temas inmediatos y generar repercusiones mucho más allá de los actos oficiales.

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