Tres años sin tributar, una hija y una orden de salida: el límite de la compasión en el sistema japonés


📍Tōkyō, 29 de octubre


Con el rostro cansado y la mascarilla deslizándose entre sus dedos, una mujer de nacionalidad china mira directamente al lente y dice con tono tembloroso:

“Este país y esta familia ya no te necesitan. (这个国家这个家庭就已经不需要你了)

Su video, grabado en inmediaciones de la oficina de inmigración, ha recorrido millones de pantallas. En pocos segundos, su frase se convirtió en símbolo de desesperanza y desconcierto, especialmente entre madres extranjeras que viven en el archipiélago.

Según relata, lleva años viviendo en Japón junto a su hija, pero ahora enfrenta una orden de deportación. Lo que más la sorprendió no fue el aviso, sino la razón que ella misma confiesa:

“No he pagado impuestos durante tres años.”

 

 

⚖️ Entre la emoción y la norma


El caso no es aislado. En Japón, el cumplimiento fiscal y migratorio es considerado una muestra de shakai no sekinin (社会の責任), es decir, la responsabilidad de vivir en comunidad.

Bajo la Ley de Control de Inmigración y Reconocimiento de Refugiados (入管法), el Artículo 24 establece que cualquier extranjero que incumpla las condiciones de residencia —ya sea por exceder su tiempo de estadía o por incumplir deberes legales como el pago de impuestos— puede ser objeto de deportación.

En casos como el suyo, el proceso suele incluir:

  1. Notificación oficial (通告): el residente recibe un aviso de irregularidad.
  2. Entrevista administrativa (審査): las autoridades verifican las circunstancias personales y familiares.
  3. Detención preventiva (収容): posible retención en un centro de inmigración si no hay una resolución inmediata.
  4. Decisión final (退去強制令書): si no se aprueba una apelación, el individuo debe abandonar el país.

Aunque el procedimiento contempla derechos de apelación (Artículo 50) y revisión ministerial, la realidad es que pocos extranjeros logran revertir la orden, especialmente cuando hay antecedentes administrativos como impagos prolongados.

 

 

💬 Un eco social dividido


El video encendió un debate en redes:

  • En Japón, muchos usuarios recordaron que “no pagar impuestos mientras se disfruta de los servicios públicos es una falta de respeto hacia la sociedad que te acoge”.
  • En China, en cambio, el tono fue distinto: “Japón no entiende la compasión, solo la ley”, escribieron miles de comentaristas en Weibo.

Para algunos observadores, el caso simboliza el choque entre dos valores fundamentales:

  • La compasión social asiática tradicional, basada en la empatía y la familia.
  • El realismo jurídico japonés, donde la convivencia se rige por la norma, no por la emoción.

 

 

📊 Un sistema bajo presión


Japón alberga a más de 3 millones de residentes extranjeros, y en los últimos cinco años ha incrementado los controles sobre las condiciones fiscales y laborales para renovar visados.

En 2024, el Ministerio de Justicia reportó que más de 12,000 extranjeros fueron deportados o retornaron voluntariamente tras perder su estatus de residencia.

Aunque el país promueve políticas de apertura selectiva —como los visados de “trabajador calificado” (特定技能)—, mantiene una postura estricta con quienes incumplen obligaciones legales.

 

 

🌱 Un cierre humano


Más allá del debate jurídico, la escena deja una huella emocional profunda: una madre que siente que el país al que aportó años de vida la rechaza, y una sociedad que, entre la empatía y el deber, busca mantener el equilibrio entre orden y compasión.

Su frase —“este país ya no te necesita”— resuena como un espejo que refleja tanto la dureza del sistema como la fragilidad humana frente a la ley.

 



©️ Noticias Nippon

Copy Protected by Chetan's WP-Copyprotect.