El invierno que quedó grabado en la memoria del país
📍Tōkyō | 25 de enero
El frío también tiene memoria. Cada 25 de enero, Japón recuerda el día en que el aliento se volvió cristal y el tiempo pareció detenerse. Fue en 1902, en la silenciosa Asahikawa, donde los instrumentos marcaron −41,0 °C, la temperatura más baja jamás registrada oficialmente en la historia meteorológica del país. No fue solo un dato: fue una experiencia límite para el cuerpo humano y un recordatorio de la dureza —y la belleza— del invierno japonés.
Décadas después, en 1978, el termómetro descendió aún más en Moshiri, alcanzando −41,2 °C dentro del bosque experimental de la Universidad de Hokkaidō. Pero ese frío extremo quedó fuera de los registros oficiales de la Agencia Meteorológica. Aun así, la memoria popular no lo olvidó y el 17 de febrero fue bautizado como el “Día del Susurro del Ángel”, una fecha que evoca el sonido del vapor congelándose en el aire, como si el invierno hablara en voz baja.
Cuando se mira hacia lo alto, el frío cambia de forma. En la cima del Monte Fuji, el símbolo eterno del país, se registraron −38,0 °C en 1981. Y aunque Asahikawa ostente el récord puntual, el Fuji gana en constancia: su temperatura media anual es la más baja de Japón, recordándonos que el frío no siempre es un instante, a veces es una forma de vida.
Más allá del archipiélago, el planeta guarda un silencio aún más extremo. En la Antártida, la estación rusa Vostok Station registró −89,2 °C en 1983, y años después, cerca de Dome A, la Tierra alcanzó su límite conocido con −93,2 °C. Allí, el frío no muerde: inmoviliza.
Curiosamente, Japón también guarda el otro extremo de la balanza. El país que recuerda el hielo absoluto también conmemora el calor sofocante: 41,8 °C registrados en Isesaki, el récord nacional de temperatura máxima. Entre el hielo y el fuego, Japón vive, resiste y recuerda.
Porque en este país, incluso el frío tiene fecha, historia… y emoción. ❄️🇯🇵

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