📍Tokio | 20 de julio
Y hay derrotas que dejan al descubierto aquello que la victoria consigue esconder.
Argentina llegó a la final del Mundial 2026 como campeona defensora, con Lionel Messi buscando otra página eterna de su extraordinaria historia y con una generación acostumbrada a competir al límite. Pero España terminó imponiéndose 1-0 en la prórroga y conquistando el título.
Hasta ahí, fútbol.
Lo que ocurrió después volvió a colocar sobre la mesa una discusión que persigue a esta selección desde hace tiempo: ¿dónde termina la pasión argentina y dónde comienza la provocación innecesaria?
Porque una cosa es competir con el cuchillo entre los dientes —en sentido figurado— durante 120 minutos.
Otra muy distinta es que, cuando el árbitro ya ha terminado el partido, la frustración desemboque en enfrentamientos con el rival.
La final terminó con una trifulca posterior al pitazo, un incidente que ya está siendo investigado por la FIFA. Según Reuters, el episodio comenzó con un enfrentamiento de Leandro Paredes con los españoles Eric García y Gavi, antes de que la situación involucrara a más jugadores. Incluso Lionel Scaloni intervino intentando calmar los ánimos. (Reuters)
Argentina había perdido.
España era campeona.
No había nada más que disputar.
Y precisamente ahí estaba la oportunidad de demostrar grandeza.
Dar la mano. Felicitar al vencedor. Recibir la medalla. Tragarse la bronca. Volver al vestuario.
Sin embargo, Las redes sociales permitieron conocer otro hecho reprochable. Cuando España alzaba el trofeo, solo un argentino participó de este importante momento, los demás dieron la espalda.
Eso también es fútbol.
Pero algunas imágenes posteriores dejaron nuevamente esa incómoda sensación de que, para determinados integrantes del conjunto argentino, ganar es una fiesta que el rival debe soportar, mientras perder parece convertirse en una afrenta imposible de digerir.
Y aquí aparece la pregunta incómoda. ¿ES LA PRIMERA VEZ?
No.
Y precisamente por eso el debate adquiere otra dimensión.
El antecedente más evidente ocurrió en el Mundial de Qatar 2022, durante aquel incendiario Argentina-Países Bajos de cuartos de final.
Fue uno de los partidos más tensos del torneo. Hubo provocaciones previas, enfrentamientos durante el encuentro y reproches posteriores. Después de ganar en los penales, varios futbolistas argentinos celebraron mirando y gesticulando hacia los jugadores neerlandeses derrotados.
La fotografía dio la vuelta al mundo.
Nicolás Otamendi explicó posteriormente que aquella celebración fue una respuesta a las provocaciones que, según su versión, habían recibido los argentinos durante la tanda de penales. Es decir, existía un contexto. No fue una historia de buenos contra malos.
Pero la imagen quedó.
También quedó el enfrentamiento verbal de Lionel Messi con Louis van Gaal. El capitán argentino celebró su gol frente al banquillo neerlandés con las manos detrás de las orejas y posteriormente criticó duramente al entrenador rival. Messi sostuvo que había sentido que Van Gaal había faltado el respeto previamente a Argentina. La propia FIFA documentó aquella guerra de declaraciones y el clima extremadamente caliente que rodeó el encuentro. (FIFA)
Otra vez aparece la misma palabra:
Contexto.
Argentina había sido provocada.
Pero responder a una provocación sigue siendo una decisión.
Y allí reside precisamente el problema.
Porque cuando estas escenas se repiten, cuando cada enfrentamiento termina convertido en una batalla personal y cuando el respeto parece depender de quién provocó primero, la famosa “picardía” empieza a convertirse en una coartada demasiado cómoda.
También está el caso de Emiliano “Dibu” Martínez, un extraordinario especialista en penales que convirtió el juego psicológico en parte de su identidad competitiva. La FIFA recogió cómo utilizó las declaraciones previas de Van Gaal como motivación antes del partido contra Países Bajos y cómo empleaba recursos para distraer a sus adversarios durante las tandas. Eso puede entenderse como estrategia mental dentro de una definición. (FIFA)
Pero el problema comienza cuando la provocación abandona la competencia y se transforma en humillación.
Ahí ya no hablamos de fútbol.
Hablamos de formas.
Y las formas importan.
CUANDO GANAS, TE BURLAS. CUANDO PIERDES, ¿TE ENFRENTAS?
Esa es la crítica más dura que hoy puede hacerse.
Si cuando ganas reivindicas tu derecho a celebrar como quieras, entonces cuando pierdes debes reconocer exactamente el mismo derecho al vencedor.
No puede existir una regla para la victoria argentina y otra para la victoria del rival.
No puedes exigir que todos comprendan tu pasión cuando celebras y, al mismo tiempo, considerar una provocación que otro festeje delante de ti.
No funciona así.
El respeto no puede depender del resultado.
Y tampoco sería justo meter a todos los futbolistas argentinos en el mismo saco. Messi, por ejemplo, expresó públicamente su enorme dolor por la derrota, pero también destacó el esfuerzo de sus compañeros; Scaloni reconoció la superioridad española y manifestó orgullo por el recorrido de su equipo. Esas reacciones muestran otra cara de Argentina, mucho más acorde con la grandeza de una selección campeona del mundo. (Reuters)
Por eso la crítica debe dirigirse hacia las conductas concretas, no hacia una nacionalidad ni hacia todo un país.
Pero tampoco hay que esconder lo ocurrido.
La FIFA está investigando la pelea posterior a la final. No es una invención de las redes sociales ni una simple interpretación de aficionados rivales. Hubo un incidente y ahora corresponde determinar responsabilidades individuales. (Reuters)
Argentina es demasiado grande para necesitar estas escenas.
Tiene tres Copas del Mundo. Tiene una historia futbolística gigantesca. Tuvo a Maradona. Tiene a Messi. Ha producido algunos de los mejores jugadores que hayan pisado una cancha.
No necesita demostrar carácter empujando a nadie después del silbato.
No necesita convertir cada derrota en una guerra.
No necesita confundir orgullo con soberbia, competitividad con provocación ni picardía con falta de respeto.
Porque existe una verdad incómoda que ningún título puede borrar:
saber ganar es importante. Saber perder revela mucho más.
España levantó la Copa del Mundo.
Argentina tendrá que levantarse de una derrota dolorosísima.
Y seguramente lo hará, porque talento y carácter le sobran.
Pero quizá esta final también debería servir para una reflexión interna.
La garra se demuestra antes del pitazo final.
La rebeldía se demuestra intentando empatar.
El orgullo se demuestra luchando hasta que las piernas no respondan.
Después del silbato, solo queda una obligación moral que debería valer para argentinos, españoles y cualquier selección del planeta:
mirar al vencedor, estrecharle la mano y aceptar el resultado.
Porque cuando el árbitro termina el partido, la pelota deja de rodar.
Y desde ese momento, ya no se juzga al futbolista por cómo juega, sino por cómo se comporta.
Términos clave
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Japonés |
Rōmaji |
Español |
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敗北 |
haiboku |
Derrota |
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決勝戦 |
kesshōsen |
Final / partido final |
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準優勝 |
jun-yūshō |
Subcampeonato |
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スポーツマンシップ |
supōtsumanshippu |
Deportividad / espíritu deportivo |
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敬意 |
keii |
Respeto |
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相手選手 |
aite senshu |
Jugador rival |
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握手 |
akushu |
Apretón de manos |
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挑発 |
chōhatsu |
Provocación |
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乱闘 |
rantō |
Pelea / trifulca colectiva |
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小競り合い |
kozeriai |
Altercado / enfrentamiento menor |
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暴力行為 |
bōryoku kōi |
Acto de violencia |
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悪質な行為 |
akushitsu na kōi |
Conducta antideportiva / acto malintencionado |
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感情的になる |
kanjōteki ni naru |
Dejarse llevar por las emociones |
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冷静さを失う |
reiseisa o ushinau |
Perder la calma |
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負けを認める |
make o mitomeru |
Aceptar la derrota |
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負け惜しみ |
makeoshimi |
Mal perder / excusas por haber perdido |
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往生際が悪い |
ōjōgiwa ga warui |
No saber aceptar la derrota |
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マナー違反 |
manā ihan |
Falta de modales / conducta inapropiada |
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リスペクトを欠く |
risupekuto o kaku |
Faltar al respeto |
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懲戒処分 |
chōkai shobun |
Sanción disciplinaria |
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調査 |
chōsa |
Investigación |
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国際サッカー連盟 |
Kokusai Sakkā Renmei |
Federación Internacional de Fútbol, FIFA |
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