Una jornada marcada por la memoria teatral del miedo, la justicia desde el más allá y el arte popular del horror

 


📍Tōkyō | 26 de Julio de 2025


Hay fechas curiosas en el calendario japonés… y el 26 de julio es una de ellas.

En Japón, este día es conocido como 幽霊の日 (Yūrei no Hi), el “Día de los Fantasmas”.

No es un feriado nacional. Tampoco veremos oficinas cerradas ni grandes ceremonias por todo el país. Su origen es mucho más interesante: hay que viajar más de 200 años atrás, hasta las noches del antiguo Edo.

Todo comenzó con una obra de teatro.


Una noche de 1825 que dejó huella

Era el 26 de julio de 1825, durante el período Edo.

En el Nakamura-za, uno de los grandes teatros de kabuki de Edo —la actual Tokio—, el público asistía al estreno de una obra que terminaría convirtiéndose en una auténtica leyenda:

東海道四谷怪談 (Tōkaidō Yotsuya Kaidan), conocida simplemente como Yotsuya Kaidan.

Su autor era el famoso dramaturgo Tsuruya Nanboku IV (四代目・鶴屋南北).

Aquella representación tenía todos los ingredientes para impresionar al público: traición, ambición, muerte, apariciones sobrenaturales y una terrible venganza.

Pero, sobre todo, tenía un personaje imposible de olvidar.

Su nombre era Oiwa (お岩).



¿Quién era Oiwa?

La historia gira alrededor de Oiwa y su esposo, Tamiya Iemon (田宮伊右衛門).

Y no… precisamente no estamos ante una historia de amor feliz.

Oiwa termina atrapada en una cruel conspiración. Es envenenada y la sustancia provoca una terrible deformación en su rostro. Su sufrimiento conduce finalmente a su muerte.

Pero ahí no termina todo.

Tras morir, Oiwa regresa convertida en un espíritu vengativo para atormentar a Iemon y a quienes estuvieron relacionados con su desgracia.

Ese regreso desde el más allá convirtió al personaje en uno de los grandes símbolos del yūrei, el fantasma tradicional japonés.

Cabello largo y oscuro. Rostro pálido. Vestimenta blanca. Una presencia silenciosa que aparece cuando menos se espera…

Una imagen que hoy nos resulta familiar, pero que lleva siglos formando parte del imaginario japonés.

Eso sí, hay un detalle importante: alrededor de Oiwa existen diferentes relatos, tradiciones y supuestos antecedentes históricos. Sin embargo, la historia que alcanzó enorme fama popular es, ante todo, la creación teatral desarrollada por Tsuruya Nanboku para el kabuki.

Con los años, historia, religión, teatro y leyenda terminaron mezclándose.


Imaginemos por un momento aquel Edo…

Estamos en 1825.

No hay cine. No existe la televisión. Muchísimo menos efectos digitales.

Para buena parte de la población, el kabuki es uno de los grandes espectáculos del momento.

Y sus teatros saben perfectamente cómo sorprender.

Trampillas, cambios de escenario, mecanismos ocultos, maquillaje, iluminación y recursos visuales permitían crear escenas que podían dejar al público con la boca abierta.

En ese ambiente apareció Tōkaidō Yotsuya Kaidan.

La obra original consta de cinco actos y es considerada una de las grandes creaciones de Nanboku.

También está vinculada al mundo del 怪談狂言 (kaidan kyōgen), las obras teatrales basadas en historias sobrenaturales que alcanzaban especial popularidad durante el verano.

¿Fantasmas en verano?

Sí. Y aquí aparece una costumbre japonesa fascinante.


Historias para sentir “frío” en pleno verano

En Japón existe desde hace siglos una fuerte relación entre el verano y las historias de fantasmas.

Pensemos en una noche húmeda y sofocante, típica de julio o agosto…

Entonces alguien comienza a contar una historia de apariciones.

La habitación queda en silencio.

Y llega ese pequeño escalofrío.

Precisamente esa sensación de miedo que “pone la piel de gallina” terminó relacionando simbólicamente las historias sobrenaturales con una manera de sentir un poco de frío durante las calurosas noches japonesas.

Por eso los kaidan (怪談) y el verano forman una pareja tan conocida dentro de la cultura popular de Japón.


Las escenas que hicieron inolvidable a Oiwa

Yotsuya Kaidan no se hizo famosa únicamente por su argumento.

También había escenas muy difíciles de olvidar.

Una de las más conocidas muestra a Oiwa peinándose después de haber sido envenenada. Poco a poco descubre las terribles consecuencias del veneno sobre su rostro y su cuerpo.

Para el espectador de aquella época, debió ser una escena realmente impactante.

Otra secuencia célebre está relacionada con una puerta de madera, o toita, donde aparecen los cuerpos de Oiwa y Kohei.

El ingenioso recurso teatral permitía girar la estructura y mostrar alternativamente los cadáveres, creando una de las imágenes más famosas del kabuki de terror.

Y todavía había más.

Hacia el final, Iemon es atormentado por apariciones, espíritus vengativos y una multitud de ratones.

Drama, horror, trucos teatrales…

Para el público del Edo de hace dos siglos aquello debía ser todo un espectáculo.


¿Por qué los fantasmas japoneses visten de blanco?

Si pensamos en un fantasma japonés clásico, probablemente imaginemos algo parecido a esto:

cabello negro y largo, rostro muy pálido, ropa blanca y una figura que parece flotar.

No es casualidad.

El blanco mantiene una antigua relación con determinados ritos funerarios y con la representación de los muertos en Japón.

En pinturas, grabados y representaciones teatrales, además, los yūrei comenzaron a aparecer muchas veces sin piernas claramente visibles.

Como si el cuerpo simplemente… se desvaneciera.

Mucho antes de que el cine de terror japonés moderno llevara internacionalmente imágenes similares, el kabuki, el ukiyo-e y las antiguas historias de fantasmas ya habían desarrollado buena parte de esa estética.


Oiwa salió del teatro y entró en el arte

La historia fue demasiado poderosa como para quedarse únicamente sobre un escenario.

Los artistas del ukiyo-e, los famosos grabados japoneses, encontraron en aquellas apariciones y escenas sobrenaturales una fuente extraordinaria de inspiración.

Uno de los grandes nombres vinculados a estas representaciones es Utagawa Kuniyoshi (歌川国芳), célebre artista del período Edo que plasmó visualmente el mundo de Iemon y el espíritu de Oiwa.

Otros artistas también se acercaron al universo de Yotsuya Kaidan y de los relatos sobrenaturales.

Así ocurrió algo interesante: incluso quienes nunca habían visto la obra podían terminar reconociendo a Oiwa a través de las imágenes.

Después llegaron otras épocas… y otros medios.

Teatro, pinturas, cine, televisión y nuevas adaptaciones volvieron una y otra vez sobre la misma tragedia.

Oiwa seguía regresando.

Una generación tras otra.


Y la historia todavía puede encontrarse caminando por Tokio

Quizá esta sea una de las partes más fascinantes.

La memoria de Oiwa no permanece únicamente dentro de antiguos libros o escenarios de kabuki.

También está presente en el Tokio actual.

En Samon-chō, Shinjuku, se encuentra el 於岩稲荷田宮神社 (Oiwa Inari Tamiya Jinja), un santuario estrechamente relacionado con la tradición de Oiwa.

Muy cerca está 於岩稲荷陽運寺 (Oiwa Inari Yōunji).

Son lugares que mantienen viva su memoria religiosa y popular, aunque es importante no confundir automáticamente las tradiciones vinculadas a estos sitios con todos los acontecimientos narrados en la obra teatral.

También existe una conexión con Zōshigaya, en la actual Toshima, mencionada en distintas explicaciones relacionadas con los escenarios y antecedentes de la historia.

Y aquí aparece uno de esos contrastes tan propios de Tokio.

Uno puede caminar hoy entre edificios, automóviles, viviendas y tiendas modernas… y de pronto encontrarse con un pequeño espacio religioso relacionado con una historia que ya conocían los habitantes de Edo hace dos siglos.

El Tokio moderno y el antiguo, separados apenas por unos pasos.


¿Oiwa existió realmente?

La respuesta no es tan sencilla como un sí o un no.

A lo largo del tiempo se han mezclado personajes históricos, tradiciones religiosas, relatos populares y la ficción creada para el kabuki.

Por eso, no todo lo que actualmente se cuenta sobre Oiwa puede interpretarse literalmente como un hecho histórico comprobado.

Pero quizá ahí esté precisamente una parte de la fascinación.

Porque llega un momento en que una historia es contada tantas veces que comienza a formar parte de la memoria colectiva.

Y con Oiwa ocurrió exactamente eso.


Más de 200 años después… Oiwa sigue regresando

Aquella noche del 26 de julio de 1825, probablemente nadie sentado entre el público del Nakamura-za podía imaginar hasta dónde llegaría la historia que estaba viendo.

Pasaron décadas.

Después un siglo.

Luego dos.

Edo se convirtió en Tokio, desaparecieron los antiguos teatros, llegaron la electricidad, el cine, la televisión, internet…

Pero Yotsuya Kaidan sobrevivió.

Y Oiwa también.

Por eso, cada 26 de julio, cuando aparece en Japón el nombre 幽霊の日 —Yūrei no Hi—, detrás de esas palabras hay mucho más que un simple “Día de los Fantasmas”.

Hay kabuki, historia, arte, superstición, tradición popular y más de dos siglos de relatos transmitidos de generación en generación.

Porque algunas historias terminan cuando cae el telón.

Otras, como la de Oiwa, parecen destinadas a regresar una y otra vez…

Incluso después de 200 años.

 


Términos clave

Japonés Rōmaji Español
幽霊の日 Yūrei no Hi Día de los Fantasmas
幽霊 yūrei fantasma / espíritu
東海道四谷怪談 Tōkaidō Yotsuya Kaidan El cuento de fantasmas de Yotsuya del Tōkaidō
四谷怪談 Yotsuya Kaidan Historia de fantasmas de Yotsuya
お岩 Oiwa Oiwa, protagonista de la historia
田宮伊右衛門 Tamiya Iemon esposo de Oiwa en la obra
歌舞伎 kabuki teatro tradicional japonés
怪談 kaidan relato de fantasmas
怨霊 onryō espíritu vengativo
浮世絵 ukiyo-e grabado/pintura popular del período Edo
生世話物 kizewamono drama realista sobre la vida cotidiana
怪談狂言 kaidan kyōgen obra teatral de temática sobrenatural
於岩稲荷 Oiwa Inari denominación asociada a santuarios y lugares dedicados a Oiwa

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